martes, 5 de enero de 2010

Escalones.

Las cuatro de la mañana. Domingo. Tú y yo sentados en un escalón, bajo un pequeño tejado, con la excusa de esperar a que deje de llover pero sabiendo que las verdaderas intenciones están muy lejos de ver escampar la lluvia.as cuatro de la mañana. Domingo. Tú y yo sentados en un escalón, bajo un pequeño tejado, con la excusa de esperar a que deje de llover pero sabiendo que las verdaderas intenciones están muy lejos de ver escampar la lluvia.

sábado, 2 de enero de 2010

Lo tengo claro.

Cada vez tengo más claro que no se quién eres. Que estás muy lejos. Que eres inalcanzable. A veces provoco el querer encontrarte en alguien conocido. Pero los engaños se quedan cortos. Mi "parte de realidad" sabe que no te conozco, que hablo de ti sin saber si existes aún.
Creo despertar y pensar, era él. Necesito alguna palabra que me haga comprender. Que intentes mostrarme que debo dejar de hablar de ti, y contigo, sin saber si eres real. Sin saber tu paradero.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Saliendo.

Luces ensordecedoras, sonidos que me ciegan. Vivimos en un continuo contrasentido, un laberinto del que se cree que debemos salir y del que muchos creen saber la salida. Me gusta vivir en él. Y sorprenderme de cosas normales. Pensar en finalizar todo de una manera drástica, como un portazo tras una tonta discusión. Pensar que soy libre y darme cuenta de que tras de mi llevo ligados pequeños trozos de vida, de gente, de cosas, de momentos, que pesan pero que hacen que yo sea un poco lo que hoy soy o lo que parezco ser o, mejor aún, lo que intento ser.
No sé si nadie llegará algún día a entenderme, si llegaré a entenderme yo.

martes, 1 de diciembre de 2009

Meteorología.

Comienza a llover. Tumbada en mi cama a oscuras observo mi habitación, escucho rebotar las gotas de lluvia, golpean fuerte, haciendo que mi habitación parezca una caja de cristal; y el aire contra la persiana más fuerte aún. Llueve. Contando cada gotita que se ha posado en mi ventana invento mil fantasías de cosas por hacer. Deja de llover. El olor a tierra mojada me llama a salir a la calle y pasear de una mano ajena. El día se vuelve un poco menos feo. En cada suspiro encuentro mil maneras de pasar mi tiempo, de vivir simplemente, de no bostezar de aburrimiento. Mañana sale el sol. Y aunque me gusta la lluvia, me encantan los cambios; y, aún esperando otros mejores, todavía me conformo con el meteorológico.

viernes, 27 de noviembre de 2009

sentirlo.

Y de pronto las siete de la mañana te sorprenden. Y en lugar de estar cansada, de querer dormir hasta la hora de comer o más te apetece cometer todas aquellas locuras que corrían siempre por tu mente pero que jamás te atreviste a realizar. Montar en bicicleta después de años sin hacerlo. Contar cosas que ni si quiera tu querías reconocer como verdaderas. Huir. Montarte en un columpio mientras escuchas las historias de una vida ajena. Tumbarte y buscar estrellas fugaces. Correr. Fumar. Decir ¿por qué? También hubieras hecho otras cosas, no se, cosas como soltar gilipolleces de esas que en el mismo instante en el que las pronuncias piensas “qué estás diciendo, tronca”. Quizás no deberías pensarlo, sino simplemente disfrutar de ello. Solo voy a reír. A vivir lo que toque. Y sobre todo sentirlo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

o él invierno en tus brazos.

Yo quiero ser el verano. Los días largos y las pocas tardes de lluvia. Quiero poder ser, cuando el sol sale temprano por las mañanas y se esconde muy tarde cuando anochece. Quiero ser las noches cortas pero intensas. Esa rebeca a la una de la madrugada. La arena entre los pies. Las terrazas llenas de gente. Ser ese despertar calido y esos besos a cuarenta grados a la sombra. Quiero ser un momento tumbados en el césped. Una noche de borrachera. Unas vacaciones no programadas. Yo quiero ser un día de agosto, o una tarde de julio. Quiero ser ese día de octubre que hace tanto calor. Poder decirte que hagamos lo que quieras puesto que no hay nada que tengamos que hacer.

Yo soy el verano.

viernes, 23 de octubre de 2009

sospechosos.

Una mirada fugaz desde un coche. Una voz atractiva en el metro. Y un abrazo que lo diga todo, en silencio y sin mirarte. Un abrazo que signifique todo para ti. Sin ser profundo pero de esos que llegan, Y después me iré un poco más lejos a esperarte. Sintiendo aún tus manos en mi espalda, tu respiración en mi cuello...

martes, 6 de octubre de 2009

Trocitos minúsculos de mi.


Hace tiempo que no comparto mi vida con nadie, al menos no de una manera regular. Lo hago de manera esporádica, sin ninguna importancia. Con nadie especial. Lo hago porque quiero seguir como estoy. Yo y mi vida. A solas. Y también quizás por miedo a que se acabe. Porque se que si comparto cosas de manera frecuente acabo enganchándome… y quiero mas. Y quizás esa persona no. Ya sabes conflicto de intereses. Por eso me limito a aceptar lo que me ofrecen y ofrecer entonces una ración de similares proporciones. Nunca más de lo que me dan. No quiero desaprovechar mis ganas con gente que no las merece o a quien simplemente no le interesan. Pero mi cabeza puede conmigo y a veces no piensa, sino que actúa. De repente algo se apodera de mí y comienzo a regalar trocitos de mi vida, instantes únicos, sin nada a cambio. Es cuando me doy cuenta de que soy como soy, vivo, sin un guión y aunque me fuerce y me proponga seguir un plan establecido, suelo tomar ese plan y hacer con él trocitos pequeños pequeños pequeños, tanto… que se evaporan… tanto, que los olvido.
Me dejo llevar. Siento.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Finito

A veces son solo frases. A veces solo palabras. A veces susurros. A veces silencio. Lo que te llena nunca es lo mismo. Quizás pasas horas callada y hace un hueco mayor en ti que cualquier enrevesado discurso. Quizás sin proponérselo alguien te alegra el día. Quizás lloras sin porqué. Normalmente piensas que tus días son todos iguales. Un calco del día anterior y también del próximo. Y siempre sueñas con que un día las cosas cambien. Y un día te sorprendes, el día más normal, el más igual al resto de días te sorprendes. Gritas. Corres. Vuelas. Puede que ni lo notes. Que tras el tiempo digas: pasó y no me di cuenta. No lo aproveche. Pero piensas: sucedió, es lo que cuenta. Ahora bien. Exprimir las cosas, los momentos, puede ser “guay” pero sabes lo que ocurre, que al exprimir algo se agota. Y lo finito, tiene eso, que termina.

martes, 25 de agosto de 2009

Creo.

¿Sabes que creo? Que soy una cobarde. No me atrevo a expresarme, no me atrevo a actuar. A reírme a carcajadas siempre que me apetezca y también siempre que no, pero sea oportuno. A veces pienso que no sirve de nada hacer las cosas que te gustan. Guiarte solo por lo que quieres. No sirve de nada si esas cosas no son apreciadas. Normalmente pienso una cosa, y al rato o la he olvidado o ha dejado de tener importancia. Pienso otra. Me desvivo a cada instante por ser. Por ser más que por existir. La existencia es efímera y finaliza. Pero lo que eres, lo que eres y lo que no eres, seguirá siempre así, incluso después de que te vayas. Quizás por eso no creo en esa palabra. Esa a la que todos temen. Yo se que después de ella lo que soy seré. Se que soy una cobardica y a veces me enfurruño pero jamás he dejado de reírme. A caso tu puedes decir con seguridad que lo que eres lo has sido siempre. ¿Y que lo seguirás siendo? en eso me diferencio yo.
No logro comprender muchas de las cosas que pasan. Como hay cosas que el silencio explica mejor que las palabras. Como quizás una mirada diga más sobre mí que todos mis años de vida. Y es cierto que no todo es bueno. Yo soy de las que creo que si nada va mal no se podrá valorar lo que va bien. Intentar captar lo que las personas no muestran, por que lo que muestran es obvio y accesible a todo el mundo. Saber que todo el mundo tiene algo que le diferencia que le hace totalmente distinto a otro aunque sea un simple lunar, o ese hoyuelo que nace al sonreír.